Habitación con vistas al mar.

Copiado en memoria de mi madre Ana María recientemente fallecida, por la suerte que tubo de no haber estado nunca sola. Desde aquí quiero agradecer a su autora Elena Sánchez, la descripción tan perfecta que nos hace de la soledad.

Entrega de premios.
Entrega de premios.

 

 

PRENSA RTVE 17.06.2014

Elena Sánchez ha ganado la VI edición del Concurso de Relatos Escritos por Personas Mayores que organizan el programa Juntos paso a paso de Radio Nacional y la Obra Social La Caixa. El certamen, que hoy ha hecho público el fallo y entregado el galardón en un acto celebrado en Caixa Forum Madrid, tiene como objetivo estimular el hábito de la lectura, el uso de la imaginación y la actividad creativa entre las personas mayores.

Una edición en la que se han presentado 1.582 obras, una cifra récord, y en la que, por primera vez, se han recibido relatos de todas las comunidades autónomas, siendo Madrid (423), Cataluña (290), Andalucía (224) y la Comunidad Valenciana (147) las que más han aportado. Rolando Artigues, con ‘El despertar’, y Jaume Escursell, con ‘Los señuelos de Adela’, han sido distinguidos con un accésit por sus relatos.

Alfonso Nasarre, director de RNE; Ignacio Elguero, director de programas de RNE; los escritores Soledad Puértolas y Fernando SchwartzJesús N. Arroyo, director de Comunicación de la Fundación La Caixa; y José Ramón Menéndez, director general del Mayor de la Comunidad de Madrid, han presidido la ceremonia de entrega de los premios a la que han asistido los 15 finalistas del certamen.

El relato premiado, Habitaciones con vistas al mar será emitido en el programa Juntos paso a paso, de Juan Fernández Vegue e Itziar Jiménez, un espacio de servicio público especializado en información sobre personas mayores y con discapacidad, que trata de normalizar sus vidas y promover un envejecimiento activo y saludable. Se emite los sábados a las 7.00 horas.

Además, el relato de Elena Sánchez será publicado en la web de RNE y de la Obra Social La Caixa, así como en La Vanguardia. La galardonada también ha sido obsequiada con un ordenador portátil y será miembro del jurado de la próxima edición.

El Concurso de Relatos Escritos por Personas Mayores pretende estimular el hábito de la lectura, el uso de la imaginación y la actividad creativa, así como fomentar los valores de las personas mayores y que éstas hagan partícipes al resto de la ciudadanía de sus conocimientos.

Ignacio Elguero, director de programas de RNE; los escritores Soledad Puértolas y Fernando Schwartz; el subdirector de La Vanguardia Miquel MolinaLola Sanabria, ganadora de la última edición del concurso, y Jaime Giró, director ejecutivo de La Caixa y director general adjunto de la Fundación La Caixa, han sido los miembros del jurado.

Ventana con vistas al mar.
Ventana con vistas al mar.

Relato Premiado.

HABITACIÓN CON VISTAS AL MAR.

Con la monotonía que viste sus días, se dirige con pies de pato a la cocina,coge la leche, la echa en el hervidor y la pone a calentar sobre el fuego de unode los quemadores. Se asegura de que el cazo quede bien asentado. Su base bombeada ha perdido estabilidad, como le ocurre a ella. Sus piernas ya no obedecen a sus deseos. Extiende sobre la mesa una servilleta de tela, con los flecos deshilachados, a modo de tapete, compañera de otras cinco que hacen juego con la mantelería que ya no espera invitados. Todavía conserva, en los cajones del viejo aparador, un par de manteles pequeños que ya no usa, no porque le importen las manchas que sobreviven en ellos, sino por desidia. Un plato, una taza, una cuchara, el azucarero, un frasco de café descafeinado y dos galletas de avena, huérfanos de nombre propio, es todo lo que tomará para comenzar el día. Eso, y las pastillas para el corazón, la tensión, el colesterol…  Hace tiempo que prefiere los desayunos, comidas y cenas que le sirven cuando se aloja en otras habitaciones que no son la suya.

Se acerca a la cocina, apaga el fuego, coge el puchero, se sirve la leche, después lo deposita en el fregadero para que acompañe al resto de platos sucios que quedaron de la noche anterior, quizás también de la comida. Se sirve una cucharada de azúcar, otra de café, lo remueve y, moja la primera galleta, después la segunda y última. Una amarga y eterna soledad pone el sabor a sus menguados desayunos. Cuando termina, mira el reloj que cuelga de la pared, donde una nueva grieta parece buscar su destino: las nueve y media. ¡Qué lento acontece el tiempo!

Va hacia el cuarto de baño, se enjuaga la boca, se pone la dentadura, se mira al espejo. No ve nada nuevo, todo le es familiar, sus cabellos canosos, las arrugas de su cara, la mirada velada. Prefiere no acordarse de aquella joven alegre y extravertida, de pelo castaño ondulado, de cuerpo redondeado que disfrutaba nadando en las frías aguas junto al dique, frente al Castillo de San Antón. Se quita la bata, el camisón y el resto de la ropa. Ya desnuda, coge la esponja, la sumerge bajo el grifo del lavabo, la escurre, después la enjabona y asea su cuerpo lo mejor que puede. Se seca con la única toalla que encuentraa su alcance. Se vuelve a vestir. Descorre las cortinas que cuelgan sobre labañera y arroja las prendas sucias, que caen fuera del cubo que yace sobre sufondo. Dos años, quizás tres, es el tiempo que ha transcurrido desde que no la utiliza. La artrosis le impide salvar ese infranqueable muro que la priva de sumir su cuerpo bajo el agua. Por eso, aprovecha los días que pasa, a veces meses, fuera de casa,  donde disfruta de un amplio plato de ducha con asideras que le hacen perder el miedo a su fragilidad; de toallas blancas, recién lavadas; esponjas desechables y de un gran espejo, donde su mirada se vuelve transparente, sus cabellos se rehabilitan y las arrugas de su rostro se tornan.

Sale del baño, vuelve a la cocina y mira el reloj de nuevo: las diez. ¡Qué lento se desliza el tiempo! Con pasos cortos se dirige a través de un largo pasillo, que contrasta con las pequeñas dimensiones del resto de la casa, hacia la salita. Una mesa baja, un minúsculo sofá y una librería es toda la decoración que arropa el invierno de sus días. Sobre la mesa:  adornos, reliquias del pasado. En la librería, colocados aleatoriamente tres marcos de plata: la foto de sus padres; la suya, el día de su boda y la de su hija. El resto lo ocupan una decena de libros, que ha leído una, dos y hasta tres veces. Ellos han ido llenando esos huecos que la vida se encarga de cavar.

Una puerta, que rompe la uniformidad de la pared desamparada de cuadros, conduce a su dormitorio. Una cama, una mesilla de noche y un sillón de reposo llenan la estancia. La cama, todavía sin hacer, muestra unas sábanas arrugadas, que delatan el tiempo que llevan abrigando el mismo colchón. Sobre la mesilla, un vaso con agua donde pequeñas partículas reposan sobre la superficie y numerosas cajas de medicinas apiladas desordenadamente.

Se acerca a la ventana, retira los visillos. En frente, otras casas. Asoma lacabeza, mira al cielo. Otro día aneblado. Siente sus huesos entumecidos. Tendrá que hacer un esfuerzo para salir. Sesenta peldaños se interponen a sus días de paseo. Antes, sus caminatas eran más largas, le gustaba subir por la estrecha calle de San Nicolás,  para llegar hasta San Andrés, ascender por la calle Sol y culminar en el Paseo Marítimo, frente a los arenales del Orzán, donde el mar sigue embraveciéndose con cada ola y sus ímpetus renacían,como en un sueño, abrazados con vehemencia a las caprichosas mareas.

Hace más de un año, quizás dos, que la brújula de sus pasos no la guían hasta el océano. Pero ella, no quiere morir sin ver el mar de nuevo. La última vez fue hace dos meses, durante su estancia en la habitación 703. Sus grandes ventanales, traspasaban los destellos de la vetusta torre herculinaque le recordaban que aún seguía viva. Mientras espera a que ceda la niebla, estira la ropa de la cama sin hacerla y se hunde sobre el sillón, enciende la radio y la apoya sobre sus castigados muslos faltos de musculatura. A los pocos minutos el sueño va venciendo el hastío. Las once de la mañana. ¡Qué lento transita el tiempo! Se duerme.

Las campanadas de la iglesia la despiertan, se incorpora despacio, cae la radio al suelo, la música no deja de sonar. Se aproxima a la ventana, luce un sol tenue. Va hacia el armario, se viste con un vestido cualquiera y se calza los viejos zapatos. Coge el monedero y arrastrando los pies se dirige hasta la puerta. Un portazo basta para abandonar por un corto espacio de tiempo su aislamiento.

Es domingo, la ciudad está desierta, sus labios se han abierto sólo para pedir una barra de pan y despedirse con un adiós. De regreso a casa, siente un vuelco en el corazón. Se asusta, no quiere estar sola. Con esfuerzo, sube las escaleras. Cuando llega al primer piso se detiene frente a una puerta, su fatiga aumenta; llama, nadie responde. Vence el tramo de peldaños que conducen a la segunda planta; otra puerta, pulsa el timbre una vez, dos, hasta tres veces. No contestan. Va perdiendo las fuerzas, la palpitaciones son más rápidas. Como puede consigue superar el último intervalo hasta su puerta. Introduce la llave en la cerradura, su mano tiembla, hasta que logra abrirla. Se olvida cerrarla. Camina todo lo deprisa que su desaliento le permite hasta llegar a la sala, se aferra al teléfono y marca los tres dígitos que dirigirán su destino. Pocos minutos más tarde, vienen a recogerla.

Cierto ánimo se vislumbra en su rostro. Comienza un nuevo viaje. Nadie sabe que reza por unas sábanas limpias, agua caliente y mesa puesta. Tras la puerta la radio continúa sonando. Después de los primeros auxilios, la suben a la habitación, no está sola, otra paciente compartirá días de estancia.

Las ráfagas de luz del faro herculino llegan hasta su cama. Se encoge, llora, se emociona, se alegra. Se olvida del tiempo. Se siente afortunada. De nuevo se zambulle en el océano desde su apropiada habitación con vistas al mar.

Faro de Hercules.
Faro de Hercules.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s